Bastarían las primeras páginas del libro de Michael Pollan, Saber comer (Debate, 2012), un librillo que se ha convertido en una Biblia contemporánea para aprender a manejarnos en eluniverso de datos contradictorios que es la nutrición actual, para responder a la pregunta de qué alimentos no deberíamos comer nunca. Ni siquiera esporádicamente.

De los “64 consejos para aprender a comer bien” que da en el libro el popular activista y periodista estadounidense, bastarían los tres primeros para tener clara la respuesta:come comida y no “sustancias comestibles de aspecto alimenticio”; no comas nada que no le pareciera comida a tu bisabuela (en el caso de que nuestra bisabuela cocinase muy mal, el autor recomienda cambiarla por la abuela de algún amigo, a poder ser mediterránea); y evita productos que contengan ingredientes que nadie tendría en la despensa.

Estas tres máximas serían suficientes para hacer una criba en el universo de alimentos que nos aguardan en los lineales del súper, algunos de los cuales no deberíamos consumir jamás. Esta afirmación echa por tierra aquella vieja creencia, ahora ya de sobras erradicada por la nutrición moderna, de que “hay que comer de todo con moderación”. Porque no, no hay que comer de todo.

“Hay alimentos prohibidos, que no aportan nada y no son saludables”, explica el nutricionista de Medicadiet, Álvaro Sánchez, “otra cosa es que se pueda negociar hasta qué punto mantenerlos en la dieta si para alguien son realmente imprescindibles”. Para Sánchez, en este grupo encontramos “los productos procesados, con grasas y azúcares añadidos, y el alcohol”.

“No hace tantos años se extendió la creencia de que se podían tomar dos copas de vino al día en mujeres, y tres en hombres, y eso es una barbaridad”, explica Sánchez. “Si quieres tomar antioxidantes es mucho mejor que te comas una uva”. La médica especializada en nutrición y autora del libro Pistachos (Amat Editorial, 2017), Magda Carlas, coincide. “Debe ser siempre deconsumo excepcional, y por supuesto, mejor vino, cerveza o cava que destilados”, recomienda.

Para Carlas, los establecimientos deberían ponerse las pilas en este aspecto: “¿por qué no puedo tomar una copa de cava en una discoteca? Somos tierra de grandes vinos y cavas, y acabamos tomando destilados importados de altísima graduación”. Según la doctora, es fundamental también potenciar la cultura de los vinos a copas desde los propios restaurantes.

En este grupo de alimentos prohibidos incluimos refrescos azucarados, bollería industrial, zumos industriales, snacks y derivados, cereales, postres lácteos y buena parte de precocinados. Eliminarlos de la dieta no significa, sin embargo, sufrir. “Hay galletas de calidad en el mercado, buena bollería en pastelerías artesanas y millones de recetas para elaborar dulces caseros”, explica Carlas, que recomienda usar siempre menos azúcar del que marca la receta original.

Productos light

Sin entrar en el grupo de alimentos terminantemente prohibidos, los productos bajos en calorías pueden ser un arma de doble filo por varios motivos. “Nos creemos que tenemos carta blanca para comerlos, cuando unas patatas chips light contienen un 30% menos de calorías, pero siguen teniendo 400, de manera que continúan siendo muy energéticas”, explica Carlas.

Además, estos productos se manipulan para extraer grasas y azúcares, y se les suelen añadir aditivos, como edulcorantes sintéticos. No hay que olvidar, por otra parte, que los productos light suelen ser menos saciantes, algo que se nota mucho en los yogures, por ejemplo, de modo que su consumo acaba resultando contraproducente, “ya que acabaremos comiendo más de otras cosas”, asegura Carlas.

Pollan, por su parte, alerta de que “desde que en los años sesenta nació en Estados Unidos la campaña de los productos bajos en grasa, en realidad sus habitantes han estado ingiriendo más de 500 calorías adicionales cada día, la mayoría de ellas en forma de carbohidratos refinados como el azúcar”.

Sal

Controlar el consumo de sal es fundamental para mantener una buena salud cardiovascular. El consumo recomendado de sodio al día son aproximadamente unos 2,5 gramos “y teniendo en cuenta que 1 g ya se encuentra en los propios alimentos, y que los procesados contienen grandes cantidades de sal, es facilísimo superar esta cifra sin apenas darnos cuenta”, afirma Sánchez. Evitar los procesados y acostumbrar al paladar a los alimentos con poca sal son dos pasos a seguir para moderar el consumo de sodio.

Mermelada y mantequilla

No son alimentos prohibidos, según Sánchez, pero sí deconsumo esporádico. “Mejor desayunar pan con aceite de oliva que con mantequilla y mermelada”, ya que la primera aporta grasas saturadas y la segunda mucho azúcar. Otra idea para desayunar, una vez desterrados los cereales azucarados (“no desayunes cereales que cambien el color de la leche”, prescribe Pollan), son los copos de avena sin azúcar, un alimento que a muchas personas les cuesta. Sánchez recomienda “combinarlos con frutas, yogur y otros alimentos que potencien su sabor”.

Zumos

Pese a que la fiebre de los zumos verdes y cold pressed ha llegado con fuerza a todo el mundo, lo cierto es que es mejor comer siempre las frutas y verduras en su estado natural, pues “aportan fibra, son más saciantes, y por tanto menos calóricas, y se aprovechan todas sus propiedades”, explica Carlas.

Esto no significa que las personas sanas y con un peso saludable no puedan tomar zumos (“los diabéticos ni hablar, y tampoco quienes deseen perder peso”), pero siempre en dosis moderadas. “Tampoco es necesario consumir 1 kilo de espinacas que puede llevar un zumo verde”, afirma la doctora especializada en nutrición.

Superalimentos

No es que no sean saludables, sino que son totalmente innecesarios en la mayoría de casos. “La kale no es más que la col rizada de toda la vida, pero cuesta cinco veces más, mientras que la quinoa, que desde luego es muy saludable, tiene la misma fibra soluble que una legumbre”, explica Sánchez, por poner solo dos ejemplos de la gran cantidad de semillas, raíces, cereales y frutas exóticas que irrumpen de golpe en nuestros mercados y se convierten en tendencia. “Está claro que el marketing ha ganado la batalla”, opina el nutricionista, quien recomienda escoger las frutas y verduras con un único criterio: “que sean de origen local y de temporada”.

Y los que deberíamos recuperar…

La otra cara de la moneda de esos alimentos supuestamente saludables que en realidad no lo son –ya que, en palabras de Pollan, “para que un producto afirme en su envase que es saludable primero debe tener un envase, así que es más probable que sea un alimento procesado que uno natural”– son aquellos que hemos consumido siempre y están viviendo un proceso injustificado de demonización en los últimos tiempos.

Los lácteos, explica Carlas, “siempre que sean de calidad y en cantidades moderadas”, son una buena fuente de calcio, del mismo modo que es recomendable consumir gluten, mejor si es en su formato integral, con más fibra.

Lo mismo ocurre con el café, del que Carlas recomienda “hasta dos o tres tazas al día” si no tenemos problemas de hipertensión o insomnio. Por último, los frutos secos han sido tradicionalmente castigados por ser muy calóricos, pero “son una fuente perfecta de grasas, carbohidratos y proteínas. Además, son saciantes, y podemos comer, en función del peso y el estilo de vida, entre 25 y 30 g al día”, concluye.

Noticia publicada en LA VANGUARDIA por Laura Conde : https://elpais.com/elpais/2018/04/26/icon/1524736962_261332.html